¿Alcanzaré el vuelo?
Hoy tenía el objetivo de llegar a Dallas, Texas. Para ello contaba con mis pasajes de avión saliendo de Puebla a Houston y conectando de allí a Dallas. Como es sabido el volcán Popocatépetl y sus emisiones de ceniza han provocado que se cancelen algunos vuelos. En realidad no sé cuál es el parámetro para llevar a la aerolínea a cancelar el vuelo, y al parecer los empleados de la misma tampoco.
Hay dos vuelos de Puebla a Houston, el primero a las siete de la mañana y el segundo cuatro horas después. Yo tenía boleto para este último.
Me levanté temprano para ver si el vuelo madrugador podía despegar. De ser así consideraba muy probable que también el mío se fuera. Buenas noticias, el primer vuelo no mostraba cancelación. A las siete y diez minutos revisé nuevamente y vi que había despegado. Si ése había salido, con mayor razón el mío, pensé; pues más avanzada la mañana hay más luz y por lo tanto visibilidad.
A las ocho de la mañana me llaman de la línea aérea para informarme que se había cancelado el vuelo de las once cuarenta. La primera opción que me ofrecieron fue pasarme al día siguiente en el mismo horario. Definitivamente no. Le pedí que me consiguiera vuelo por Ciudad de México. La verdad mi ansiedad fue muy poca porque la noche anterior, previendo que esto podría pasar, ya había revisado las opciones de vuelo que tenía saliendo desde el DF.
Elegí el vuelo de la 1:50 PM. El reto ahora era llegar antes de las nueve a tomar el autobús al aeropuerto Benito Juárez. Adiós desayuno, ya no tendría tiempo para tomarlo. Mi esposa, que me llevó a la terminal de autobuses, me pidió que en cuanto tuviera el pasaje del camión le llamara para avisarle. Allí fue donde me di cuenta que había dejado mi teléfono celular en la consoleta a la entrada de la casa. Con las prisas tomé mi maleta y portafolios para subirlos al auto y dejé el celular. ¡Cuatro días sin Blackberry y de viaje! Estaba a punto de saber que tan dependiente, por no decir adicto, soy a ese aparato. Sería un viaje interesante y un maravilloso experimento o prueba. es increíble como nos hemos hecho dependientes de la tecnología. No me malinterpreten, me encanta la tecnología y sus aparatejos, de hecho gracias a ellos me puedo comunicar contigo en este mismo momento a través del blog. A lo que me refiero es que en ocasiones juzgamos a nuestros hijos porque no juegan al aire libre y están pegados a alguna pantalla, y nosotros somos iguales, o tal vez peores, pues se supone que somos los adultos.
Antes de despedirme dije a Gaby: ahora sólo espero que en el DF no haya demasiado tránsito o alguna marcha pública. A las 8:50 A.M. compré en la terminal el pasaje para el camión de las nueve.
Ni demasiado tránsito, ni manifestación. La verdad no me parece como las autoridades permiten que personas tomen las calles siendo un delito tipificado en la ley. Tratan de mantener su popularidad a expensas de que cientos de miles o incluso millones de ciudadanos nos veamos afectados por unos cuantos quejosos. A veces veo a los gobernantes cometiendo el mismo error que muchos papás hacemos: no ejercer la autoridad que tenemos por temor a que no nos quieran los hijos. Entiendo que la mayoría de las personas y agrupaciones que toman las calles lo hacen porque ya han recurrido a los medios legales y las autoridades no les atienden, pero, ¿dónde queda el bien común?... En fin, afortunadamente hoy no me detuvo ninguna caminata masiva.
El reto mayor de hoy llegó en el aeropuerto de Houston. Debido a la premura en el cambio de vuelos, no me di cuenta que el agente de línea aérea me dejo muy poco tiempo entre mi llegada a Houston y mi salida con rumbo a Dallas, sólo una hora y media. Tal vez le parezca suficiente tiempo, sin embargo en vuelos internacionales no lo es. Al entrar a Estados Unidos hay que pasar por migración y en ese trámite es posible usar una o hasta dos horas. De hecho ya he perdido algunas conexiones debido a esto. Por lo mismo generalmente, al elegir mis pasajes, escojo conexiones en donde al menos tenga dos horas y media entre cada vuelo. Para colmo el avión de Ciudad de México a Houston salió con treinta minutos de retraso. La aeronave era un Embraer pequeño, de tres asientos por fila. Junto a mi se sentó un hombre de un metro y medio de alto y bastante ancho. El pobre apenas cabía en el asiento y rebasa los límites imaginarios de su lugar para invadir el mío.
Aterrizamos, salí de la nave y empecé a rebasar a todas las personas posibles para evitar tenerlos delante de mi en la fila de migración. El avión se estacionó, creo yo, en la puerta más lejana de la zona migratoria. Caminé con la velocidad de un marchita profesional compitiendo en las olimpiadas de Inglaterra, aunque omití el meneo de las caderas. Al entrar a la zona de migración pude observar feliz, que la fila no era muy larga. Mi alegría desapareció al darme cuenta que efectivamente no eran demasiadas personas las que estaban antes que yo, pero sólo había tres agentes atendiendo. Me acordé de las veces que voy al súper mercado. Cuando voy a pagar la tienda presume que tiene más de veinte cajas, pero sólo hay abiertas dos. Obviamente cada una tiene bastantes clientes formados para pagar y nunca falta la señora que lleva el carrito de compras más lleno que el estadio Azteca en un juego de América contra las Chivas. No entiendo por qué hacen eso en los súper mercados, deberían abrir más cajas y tener contentos a sus clientes como yo. Bueno, pues ahora los agentes aduanales tenían el síndrome de Wal mart.
Si hay tres agentes atendiendo y cada uno tiene una fila promedio de siete personas y en la fila central hay diez personas antes que yo y con cada gente se tardan en promedio cuatro minutos... mmm... ¡Cuarenta y cinco a cincuenta minutos para que me reciban! Son las 4:35 P.M. Mi vuelo sale a las 5:19 P.M. Hay que abordar media hora antes; me falta pasara migración, que no me envíen a segunda revisión, recoger mi maleta, dejarla nuevamente en la línea aérea de conexión, pasar seguridad, encontrar la sala desde donde saldrá mi vuelo; de ser necesario tomar el tren para cambiar de terminal... Todo eso en menos de 20 ó 25 minutos...
Estoy cansando, es tarde, ha sido un día muy largo... Mañana les cuento el resto.
Ijole que paciencia tienes para soportar tanta precion .
ResponderEliminarYo me ubiera tenido que tomar unas pastillas para la migraña con esa gra presion de retrasos
Y unas pastillas mas para el coraje . Saludos Rafael
Saludos Francisco.
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